Duelo en niños y adolescentes

¿Cómo acompañarlos después de la muerte de un ser querido?

Cuando muere alguien de la familia, los adultos suelen concentrarse en una preocupación: ¿cómo protegemos a los niños? Con buena intención, podemos evitar hablar delante de ellos, utilizar explicaciones poco claras o intentar que regresen rápidamente a sus actividades para que “no piensen demasiado”.

Sin embargo, los niños también están viviendo una pérdida.

Quizá no comprendan la muerte como un adulto, pero perciben la tristeza, los cambios de rutina, las conversaciones en voz baja y, sobre todo, la ausencia de alguien que formaba parte de su mundo.

Protegerlos no significa esconderles la realidad. Significa ayudarlos a comprenderla de acuerdo con su edad y acompañarlos mientras aprenden a vivir con ella.

¿Los niños entienden qué significa morir?

La comprensión de la muerte cambia con la edad y el desarrollo.

Un niño pequeño puede no comprender completamente que la muerte es irreversible y preguntar varias veces cuándo regresará la persona.

A medida que crece empieza a entender mejor que morir significa que el cuerpo deja de funcionar y que la persona no volverá físicamente.

Los adolescentes poseen una comprensión más cercana a la del adulto, pero eso no significa que cuenten con los mismos recursos emocionales para afrontar una pérdida.

Por eso no basta con preguntarnos cuánto comprende un niño. También debemos observar qué significaba para él la persona que murió.

¿Cómo explicar la muerte a un niño?

Conviene utilizar palabras sencillas, verdaderas y adecuadas para su edad.

Expresiones como “se quedó dormido”, “se fue de viaje” o “lo hemos perdido” pueden resultar confusas, especialmente para los niños pequeños.

Es preferible explicar con delicadeza que la persona murió y que su cuerpo dejó de funcionar. No necesitamos proporcionar detalles innecesarios ni responder preguntas que el niño no ha formulado.

Podemos dejar que sea él quien marque el ritmo. Si pregunta algo cuya respuesta desconocemos, también podemos decir: “No lo sé.”

Los niños no necesitan adultos que tengan todas las respuestas. Necesitan adultos en quienes puedan confiar.

¿Debemos ocultar nuestra tristeza?

No. Ver llorar a un adulto no perjudica necesariamente a un niño. Puede enseñarle algo importante: que cuando alguien muere sentimos tristeza porque lo amábamos.

Lo que sí debemos evitar es colocar sobre el niño la responsabilidad de consolarnos.

Podemos decir: “Estoy triste porque extraño mucho al abuelo. Llorar me ayuda. Voy a estar bien y hay adultos que me están acompañando.”

De esta manera reconocemos nuestra emoción sin convertir al niño en nuestro cuidador.

Los niños no viven el duelo como los adultos

Un niño puede llorar y diez minutos después ponerse a jugar, esto puede desconcertar a los adultos; no significa que no le importe la persona fallecida.

Los niños pueden entrar y salir del dolor con mayor facilidad porque todavía están desarrollando recursos para procesar emociones intensas.

También pueden expresar el duelo mediante cambios en el comportamiento: mayor irritabilidad, necesidad de estar cerca de los adultos, dificultades para dormir, preguntas repetidas o cambios temporales en su rendimiento escolar.

En lugar de interpretar inmediatamente estas conductas como desobediencia, conviene preguntarnos qué puede estar intentando expresar.

¿Y los adolescentes?

El duelo durante la adolescencia presenta desafíos diferentes. Un adolescente puede comprender perfectamente lo ocurrido y, sin embargo, no querer hablar con sus padres.

Puede refugiarse en sus amigos, la música, el deporte o la soledad; también puede intentar aparentar indiferencia porque mostrar dolor le resulta incómodo.; no debemos interpretar automáticamente el silencio como ausencia de sufrimiento.

Podemos mantener una puerta abierta: “No tienes que hablar ahora. Pero cuando quieras hacerlo, estoy aquí.” Y cumplirlo.

¿Deben participar en el velorio, la misa o la despedida?

En general, participar en los rituales familiares puede ayudar a comprender lo sucedido y permitir que niños y adolescentes se sientan incluidos. Pero no existe una respuesta idéntica para todas las edades y circunstancias.

Lo importante es explicar previamente qué ocurrirá, quiénes estarán presentes, qué verán, por qué algunas personas llorarán, qué sucederá durante la ceremonia.

Cuando sea posible, es conveniente ofrecer opciones y evitar obligarlos a realizar gestos que les provoquen un malestar excesivo.

Un adulto de confianza puede permanecer especialmente atento al niño durante la ceremonia y salir con él si lo necesita.

La fe también necesita explicaciones adecuadas para un niño

En una familia cristiana es natural hablar de Dios y de la esperanza en la vida eterna; pero debemos cuidar las palabras.

Decir simplemente “Dios se lo llevó” puede provocar en algunos niños miedo o incluso enojo hacia Dios.

Podemos explicar que la persona murió y, desde nuestra fe, creemos que está en las manos de Dios.

La esperanza cristiana no necesita negar la tristeza; podemos extrañar profundamente a alguien y, al mismo tiempo, confiar.

Mantener vivo el recuerdo

Hablar de quien murió no impide que un niño avance, al contrario, puede ayudarlo a integrar esa persona dentro de su historia.

Podemos mirar fotografías, contar anécdotas, preparar una comida que le gustaba, escribir una carta, rezar juntos, recordar su cumpleaños, preguntar al niño qué recuerda y qué extraña.

El objetivo no es mantenerlo permanentemente pensando en la pérdida, sino permitirle saber que recordar está permitido.

¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?

Muchos niños y adolescentes atraviesan el duelo con el apoyo de su familia y su entorno.

Sin embargo, conviene consultar con un profesional cuando los cambios son intensos, persistentes o interfieren significativamente con su vida cotidiana.

Debemos prestar especial atención ante aislamiento marcado, deterioro importante del rendimiento escolar, conductas de riesgo, consumo de sustancias, agresividad persistente, desesperanza o expresiones relacionadas con querer morir o reunirse con la persona fallecida.

Ante estas últimas señales es importante buscar ayuda profesional de manera inmediata.

Los niños también necesitan un lugar dentro del duelo familiar

Cuando alguien muere, queremos proteger a los más pequeños, pero quizá la mejor protección no sea alejarlos del dolor. Lo importante es acompañarlos dentro de una realidad que ya están viviendo.

Hablar con verdad, escuchar sus preguntas, permitir sus emociones, mantener sus rutinas cuando sea posible, recordar juntos.

Y hacerles saber, una y otra vez, que siguen teniendo adultos que los cuidan.

En Fuente de Paz creemos que acompañar a una familia significa reconocer que cada uno de sus miembros vive su propio duelo. También los niños. También los adolescentes. Ellos necesitan verdad, seguridad, amor y esperanza.