Convivir con el duelo por suicidio
El duelo es una experiencia universal. Es una respuesta humana adaptativa a la pérdida de alguien, a quien amábamos y valorábamos. Casi siempre, es una experiencia vital muy dura, pero en particular el dolor por la pérdida por suicidio es muy intenso y en la mayoría de los casos difícil de elaborar.
Los supervivientes nos sentimos totalmente abrumados por la intensidad de nuestros sentimientos: ira, culpa, confusión, tristeza, angustia. Algunos tenemos la sensación de “volvernos locos”. Esta sensación es por el dolor tan intenso que afecta a todo nuestro ser y nos deja con ese sentimiento de estar fuera de control. El sentimiento quizás más devastador es el pensar “cómo puede haber sido posible que haya sido capaz de hacerlo”. Este pensamiento nos produce una sensación de incredulidad, de vivir como en una intensa irrealidad, nos parece mentira que estemos viviendo este final tan inesperado. El final más trágico imaginable para esa persona a la que hemos querido y cuidado. Este sentimiento se vive igualmente aunque, en algunos casos, se haya planteado la posibilidad de que sería posible que ocurriera.
- Lo que el superviviente necesita es tu presencia a su lado y escucha incondicional.
- Ofrece tu apoyo sin emitir juicios ni opiniones.
- Acepta su conducta y permite que exprese sus sentimientos de culpa, enfado, rabia y pena.
En muchas ocasiones, nos angustiamos ante el sufrimiento de otra persona e intentamos que se tranquilice y deje de expresarlo y sentirlo con frases como “anímate, no llores más”, cuando en realidad, vivenciar el dolor es lo que ayudará a la persona a transitar el duelo adecuadamente.
Ten paciencia y deja que explique, tantas veces como lo necesite, la historia, sin interrumpirle. Utiliza el nombre del ser querido en lugar de “él” o “ella”. Esto humaniza al fallecido y resulta más reconfortante para el superviviente.
El duelo es individual y diferente en cada persona.
La ayuda profesional puede ser útil para algunas personas. Otros supervivientes encuentran ayuda en asistir a reuniones de grupos de soporte con otros personas en duelo. Allí se comparten abiertamente la experiencia y los sentimientos con otros supervivientes, sin ninguna presión, ni ser juzgado, sin miedo, ni vergüenza.
Joaques Derrida Asociación de Supervivientes” (DSAS)