Pérdida traumática

Las muertes súbitas son más difíciles de elaborar que otras en las que hay aviso previo de inminencia de muerte (enfermedad grave, salud deteriorada, etc.). Esta dificultad tiene que ver con que el doliente no tiene posibilidad de prepararse mental ni emocionalmente ante la pérdida. Es frecuente que se dé un proceso de shock en el que la persona afectada no pueda creer lo que ha ocurrido. Ese bloqueo, normal al principio, tiene que ver con el proceso de asimilación, en el que se ponen en marcha mecanismos de defensa que nos protegen de la realidad de la muerte.

Una de las características que va a tener este duelo -junto con el dolor añadido de la muerte- es la posibilidad de desarrollar un estrés postraumático completo o alguno de sus síntomas .(Re-experimentación del accidente, insomnio, embotamiento emocional, sensación de desapego de la realidad, irritabilidad, hipervigilancia).

Hay que ayudar al doliente a superar la sensación de falta de realidad y elaborar la realidad de la pérdida, que es la primera tarea del duelo. Para ello será especialmente importante rememorar junto a él cómo recibió la noticia, cómo reaccionó él y su entorno, o cómo fueron los ritos de despedida (funeral, entierro).

Emociones tras una pérdida traumática

Una sensación frecuentes  es creer que podríamos haber cambiado algo mediante  sentimientos de culpa. Es habitual que el doliente fantasee con finales diferentes, con distintos “Y si” (“Y si hubiera venido al día siguiente”, “Y si no hubiera cogido ese avion”, etc.). Eso contribuye a seguir manteniendo vivo al fallecido en su pensamiento y, por tanto, bloqueando la primera tarea.

Para desbloquearla, es útil que el doliente vuelva a la realidad de lo ocurrido y contextualice el momento de la muerte, es decir, que no se ciña solo a cómo fue ésta, sino también a qué ocurrió días antes, cómo estaba el fallecido, cómo eran sus vidas… de modo que pueda aceptar que los accidentes pasan, que no dependía de él lo que ocurrió. La elaboración de este tipo de pérdida va a tener mucho que ver con aceptar que las cosas ocurren, que no están bajo nuestro control y que en los accidentes casi siempre intervienen multitud de factores.

Lo mejor que podemos hacer para ayudar a enfrentar este dolor es  estar al lado del que sufre.

A menudo no se valora lo suficiente el poder de la escucha y del acompañamiento, como si no fuera suficiente. Sin embargo, estar al lado de alguien que sufre, validar con nuestra atención todo aquello que está viviendo, le ayudará a pasar por el camino del duelo. Permitir al doliente poner palabras al dolor, expresarse con el llanto o el enfado, o compartir cómo está afrontando su pérdida le va a ayudar a pasar las diferentes etapas o tareas del duelo de una manera casi espontánea.