La manera en que fuimos cuidados durante la infancia puede influir en cómo afrontamos la muerte de un ser querido cuando somos adultos.
Muchas personas se sorprenden de la intensidad de sus emociones cuando fallece alguien importante. Se preguntan por qué reaccionan de determinada manera o por qué ciertas situaciones las afectan más de lo esperado.Una parte de la respuesta puede encontrarse en la infancia.
Los primeros vínculos dejan huellas
Durante los primeros años aprendemos, muchas veces sin darnos cuenta, cómo pedir ayuda, cómo expresar tristeza y cómo confiar en otras personas.
Estas experiencias continúan influyendo en la vida adulta.
El duelo también despierta recuerdos emocionales
No siempre recordamos conscientemente lo vivido durante la infancia. Sin embargo, nuestro mundo emocional conserva muchas de esas experiencias.
Por eso, una pérdida importante puede despertar sentimientos antiguos de inseguridad, miedo o abandono.
Comprendernos también ayuda a sanar
Conocer nuestra historia no elimina el dolor por la pérdida. Pero puede ayudarnos a comprender por qué reaccionamos de determinada manera y a tratarnos con mayor compasión.
Cada proceso de duelo también puede convertirse en una oportunidad para conocernos mejor.
Un mensaje para quien hoy está de duelo
No juzgue sus emociones.
Pregúntese con curiosidad de dónde vienen.
Comprender nuestra historia también forma parte del camino hacia la saanción.