Cuando una persona con una enfermedad terminal o irreversible y con unos sufrimientos insufribles; libremente, reiteradamente, en un contexto sanitario, solicita ayuda a los profesionales sanitarios para que le ayuden, no es para que le procuren la muerte, sino para que le ayuden a morir, procurándole una buena muerte, una forma de morir dignamente, como corresponde al ser humano. Esto se llama Cuidados Paliativos.
Podemos adelantarnos a decir que los cuidados paliativos acompañan el proceso de morir, lo cual es perfectamente respetuoso con la dignidad humana, porque no adelanta la muerte ni busca provocarla, sino que permite al paciente pasar por ese trance dignamente, sin dolor y acompañado física, emocional y espiritualmente. Rodeado del amor y cuidados de su entorno más cercano.
Cuando un tercero provoca la muerte a un enfermo, aunque se encuentre este en fase terminal, tenga dolores insufribles y se lo pida de forma consciente y lúcida, está cometiendo un homicidio. Eso no es ayudar a morir dignamente, sino matar a una persona que sufre. Tal comportamiento es aceptable con los animales (aunque algunos defensores de los mismos opinan que ni siquiera con ellos es aceptable la eutanasia), pero nunca con las personas. Y no consigue una muerte digna, sino todo lo contrario.
Morir dignamente es hacerlo cuando a uno le toca: Ni antes (eutanasia), ni después (encarnizamiento terapéutico). Y con todos los analgésicos que sean precisos para mitigar el dolor. Nadie debe morir ni vivir con dolor, llegando incluso a que si es preciso, hay eliminar la conciencia ante síntomas refractarios, aunque ello suponga adelantar una muerte que no se pretende, sino que se acepta como consecuencia indirecta de la evitación del dolor y el control de los síntomas.
Pocas cosas hay más indignas que atentar contra la vida humana. Aunque la persona esté en sus últimos momentos.
José Carlos Bermejo