Duelo anticipado

La enfermedad es una de las situaciones más frustrantes de la vida que  pone en crisis de la personalidad del individuo, revelándola en toda su autenticidad.
La enfermedad implica múltiples pérdidas y como consecuencia se vive un proceso de duelo, que también es múltiple. El camino que se inicia con la aparición de la enfermedad hasta el diagnóstico y la muerte, está marcado por grandes o pequeñas pérdidas que tanto la persona enferma como sus seres queridos afrontan con mucho dolor.

Se trata de pérdidas secuenciales: sueños, proyectos, seguridad, productividad, autonomía, autosuficiencia, independencia, autoestima, vínculos afectivos, partes del cuerpo y finalmente la vida. La enfermedad es la ruptura no sólo del equilibrio somático sino del pensamiento habitual del ritmo normal de la vida con sus tiempos y sus cadencias.

Las reacciones emocionales del enfermo responden a la forma cómo construye el concepto de su enfermedad y cómo le interpreta a partir de la información que ha recibido. De ahí la importancia de tener una información clara y suficiente sobre su situación para evitar que haga sus propias conclusiones, la mayoría de las veces sin razones válidas y esto incrementa sus miedos, sus angustias, desesperanza y se convierten en barreras para un afrontamiento sano es la enfermedad.
Arrancado de sus costumbres, el enfermo se encuentran ante una realidad que le pide actitudes nuevas, nunca antes asumidas y que le impongan las activa de una nueva adaptación.

La persona rechaza la enfermedad porque es percibida como una agresión, una injusticia, una ofensa que no logra integrar en el cuadro de su existencia. La enfermedad es vivida como una experiencia de frustración ya que uno se siente disminuido en su libertad para programar subida y ponerse metas libremente elegidas.

Es necesario que la familia entienda esta visión del enfermo y del porqué de su rabia o tristeza. Cada persona reacciona diferente ante un diagnóstico crónico sin cura, por eso es necesario que en las familias cultivemos virtudes espirituales como la generosidad, el perdón, la humildad y sobre todo la esperanza, que no significa «vivir en las nubes» sino entender que todo puede tener un sentido y todo hasta lo peor puede dar frutos buenos.

Hay tantas familias que encontraron la paz en medio de la enfermedad de uno de sus miembros. Por eso podemos cambiar nuestra forma de mirar lo que pasa y apoyar al paciente en todo momento.