Está ampliamente estudiado que el tipo de situación en la que ocurre el deceso es determinante sobre el duelo de las personas. En la COVID 19 confluyen factores situacionales que pueden agravar las circunstancias de la pérdida:
– UNA MUERTE INESPERADA: Este factor es determinante. Las personas sienten que no han podido controlar la situación y, en consecuencia, se produce un estado de shock más difícil de restablecer.
– AUSENCIA DEL OBJETO DE DUELO: Este factor se refiere a la imposibilidad de haberse podido
despedir del familiar, colaborar en los últimos cuidados, y acompañar al ser querido en el transito de la vida a la muerte. No poder fusionarse con esa persona en el adiós, genera un duelo mayor.
Dice Jorge Montoya, director de la Unidad de Duelo de Medellín, en Colombia, que “la muerte es especialmente difícil no porque duela, sino porque destruye y desorganiza el mundo personal en mayor o menor medida, según lo que el fallecido participara de este.” Cuando el doctor Montoya escribía estas palabras, evidentemente, no sabía que en la Primavera del 2020 morirían en el mundo, de forma abrupta, tantos seres humanos y que, en consecuencia, se desorganizaría el mundo personal y la realidad del día a día de muchos de sus allegados, generando en ellos una sensación de vacío y fractura que deberá, en muchos casos ser reparada con ayuda profesional.
El duelo es un proceso muy doloroso pero natural ante la muerte de alguien amado. Sin embargo debemos estar atentos ante LO DISFUNCIONAL en la vivencia de un duelo.
– Conductas de riesgo y abuso de sustancias.
– Autolesiones.
– Ideaciones suicidas.
– Establecer diálogo con el desaparecido.
– Rodearse de objetos, ropas y recuerdos con imposibilidad de desprenderse de ellos.
–Ingesta emocional y atracones de comida: En situaciones de duelo es muy frecuente encontrar personas, de hecho les ha ocurrido a muchos de nuestros pacientes, que declaran haber comido en exceso tras la pérdida de un ser querido, llegando a niveles de sobrepeso y obesidad que, en
ocasiones, han pasado la frontera: obesidad mórbida y todas las comorbilidades que lleva asociadas.
– Medicalizar el duelo, calmar la pena con ansiolíticos o hipnóticos, es bastante ineficaz a la larga, El duelo no es una enfermedad. Durante las primeras etapas del mismo, el paciente confundido por el dolor o por las personas que le rodean puede tomar la decisión de ingerir pastillas. Esta estrategia de afrontamiento, una de las más utilizadas entre los cuidados primarios, genera situaciones futuras de tolerancia al fármaco.
Por lo tanto, siempre será mejor un acompañamiento personal o un tratamiento psicológico.
CONCLUSIÓN
Decía Elisabeth Kübler-Ross que “La gente no tiene miedo a morir, la gente tiene miedo a morir en una unidad de cuidados intensivos, alejados del alimento espiritual que da una mano amorosa, separados de la posibilidad de experimentar las cosas que hacen que la vida valga la pena”
Si consideramos que en estas palabras hay razón, podremos entender mejor el duelo de todos aquellos que han perdido a alguien en los momentos álgidos de la Pandemia por COVID 19