¿Cuánto tiempo dura el duelo?
Es probablemente una de las preguntas más frecuentes después de perder a un ser querido, detrás de ella suele esconderse otra mucho más personal:
¿Cuándo voy a volver a estar bien?
Quisiéramos disponer de una respuesta precisa. Tres meses. Seis meses. Un año. Pero el duelo humano no funciona con un calendario idéntico para todos.
¿Cuánto dura el duelo por la muerte de un ser querido?
No existe una duración exacta que pueda aplicarse a todas las personas.
La intensidad y evolución del duelo dependen de muchos factores: el vínculo con quien murió, las circunstancias de la muerte, nuestra personalidad, la historia de pérdidas anteriores, el apoyo disponible y el momento vital que estamos atravesando.
Además, sentirse mejor no significa necesariamente dejar de extrañar. Con el tiempo, muchas personas experimentan que el dolor cambia. La ausencia continúa existiendo, pero deja de ocupar todo el espacio.
¿Debemos pasar por las cinco etapas del duelo?
Es habitual escuchar que existen cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.
Este modelo ha contribuido a hablar abiertamente sobre emociones difíciles, pero puede producir una idea equivocada si pensamos que todas las personas deben atravesar esas etapas en ese orden.
El duelo no suele comportarse como una escalera.
Podemos tener un buen día y al siguiente sentir nuevamente una tristeza profunda; podemos aceptar intelectualmente una muerte y continuar sintiendo rabia; nada de eso significa necesariamente que estemos haciendo mal nuestro duelo.
El problema de compararnos
Después de una pérdida aparecen comparaciones constantemente.
“Mi hermana ya regaló la ropa de mamá y yo todavía no puedo tocarla.”
“Mi hermano volvió a trabajar enseguida.”
“Mi amiga enviudó y al año ya salía de viaje.”
Las comparaciones parten de una premisa equivocada: que pérdidas aparentemente similares deberían producir procesos similares., pero cada relación es diferente.
Dos hijos no tienen exactamente la misma relación con su padre. Dos personas que enviudan no pierden el mismo matrimonio. Dos madres no viven de igual manera la muerte de un hijo.
Compartir una pérdida no significa compartir el mismo duelo.
¿Estar mejor significa olvidar?
Este temor aparece con frecuencia., algunas personas experimentan culpa la primera vez que vuelven a disfrutar.
Se ríen y después piensan: “¿Cómo puedo estar riéndome?”. Salen con amigos y sienten que están traicionando a quien murió; guardan una pertenencia y temen estar empezando a olvidar.
Pero continuar viviendo no borra el vínculo.
El objetivo del duelo no consiste en eliminar los recuerdos ni dejar de amar a quien murió. Consiste, gradualmente, en encontrar una manera de integrar esa ausencia dentro de nuestra propia vida.
Hay días que vuelven a doler
Hay momentos en los que la ausencia puede sentirse nuevamente con enorme intensidad, incluso años después.
Eso tampoco significa necesariamente haber retrocedido.
Algunas fechas nos recuerdan con especial claridad que alguien importante debería estar allí.
Con el tiempo podemos aprender también a transformar esos días en espacios para recordar, agradecer, rezar o compartir historias sobre quien ya no está.
Entonces, ¿todo es normal durante un duelo?
No.
Respetar los tiempos personales no significa ignorar un sufrimiento que necesita ayuda.
Cuando el dolor permanece de forma muy intensa durante un periodo prolongado, existe una dificultad persistente para retomar la vida cotidiana, el aislamiento aumenta o la persona siente que no encuentra ninguna posibilidad de continuar, es importante consultar a un profesional de salud mental.
No todo duelo necesita terapia; pero algunos duelos necesitan más apoyo del que familiares y amigos pueden ofrecer.
No necesitamos olvidar para continuar
Tal vez la pregunta no sea: “¿Cuándo voy a superar esta pérdida?”
Podemos empezar por otra: “¿Cómo puedo aprender a vivir con esta ausencia?”
Porque continuar no significa abandonar.
Y volver a experimentar alegría no significa querer menos.
La persona que amamos pertenece a nuestra historia. La muerte modifica nuestra relación con ella, pero no puede borrar lo vivido.
En Fuente de Paz creemos que recordar también puede convertirse, poco a poco, en una forma de agradecer. Para quienes encuentran consuelo en la fe, además, la despedida no tiene por qué vivirse como la negación de todo vínculo, sino desde la esperanza cristiana del reencuentro.