A veces ocurre algo desconcertante.
Muere una persona querida y, junto con el dolor por esa pérdida, comienzan a aparecer recuerdos y emociones relacionadas con otras ausencias. Volvemos a pensar en nuestros padres fallecidos hace muchos años. Recordamos una separación. Una pérdida durante el embarazo. Un hermano que murió cuando éramos jóvenes. Una despedida que nunca pudimos hacer.
Y entonces surge una pregunta:
¿Por qué estoy sintiendo nuevamente algo que creía superado?
Porque las pérdidas forman parte de nuestra historia y una nueva ausencia puede volver a ponerlas en contacto.
¿Qué son los duelos acumulados?
A lo largo de la vida atravesamos muchas pérdidas.
Algunas están relacionadas con la muerte y otras no: una separación, una migración, la pérdida de una casa, una enfermedad que modifica nuestra autonomía, una amistad que termina o un proyecto de vida que no pudo realizarse.
Habitualmente encontramos maneras de adaptarnos.
Pero cuando varias pérdidas ocurren en poco tiempo o una nueva pérdida despierta emociones asociadas a experiencias anteriores, podemos sentir que el dolor se acumula.
No estamos necesariamente regresando al punto de partida. Estamos viviendo una nueva experiencia desde una historia que ya contiene otras despedidas.
Una muerte puede abrir habitaciones que llevaban años cerradas
Imaginemos a una mujer que pierde a su esposo.Mientras atraviesa esa ausencia comienza a recordar intensamente a su padre, fallecido veinte años atrás. Le sorprende llorarlo nuevamente y se pregunta si realmente había superado aquella muerte.
No necesariamente existe algo pendiente.
La experiencia actual puede haber despertado sensaciones conocidas: sentirse sola, perder protección, enfrentarse a una casa diferente o tener que reorganizar su vida.
La emoción actual encuentra ecos en experiencias anteriores.
También existen pérdidas que nunca fueron reconocidas
No todos los duelos reciben el mismo reconocimiento.
Hay pérdidas sobre las que durante mucho tiempo casi no se hablaba.
Un embarazo perdido muy tempranamente.
La muerte de una expareja.
El fallecimiento de alguien con quien existía una relación difícil.
La pérdida de una amistad profundamente significativa.
Incluso puede ocurrir que la persona haya escuchado frases como “todavía eras muy joven”, “ya tendrás otro hijo” o “hacía años que no estaban juntos”.
Pero que los demás no reconozcan una pérdida no significa que esa pérdida no exista.
Una nueva muerte puede hacer aparecer nuevamente aquel dolor que nunca encontró suficiente espacio para ser expresado.
¿Por qué algunas personas sienten que “todo les vuelve”?
Porque el duelo no funciona como un archivo que cerramos definitivamente. Adaptarnos a una pérdida significa aprender a integrar la ausencia dentro de nuestra vida.
Podemos estar bien durante años y emocionarnos inesperadamente ante una canción, una fotografía, un lugar o una nueva muerte. Eso no significa que hayamos retrocedido.
Los recuerdos también forman parte del vínculo que permanece.
Cuando varias pérdidas ocurren demasiado rápido
Existe otra situación especialmente difícil: no disponer de tiempo emocional entre una pérdida y otra.
Una persona puede perder a su madre, meses después enfrentar una enfermedad importante y poco tiempo más tarde despedirse de otro familiar.
Cuando esto ocurre, puede aparecer cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarse o una sensación de estar funcionando de manera automática.
Antes de preguntarnos por qué esa persona “no reacciona”, conviene mirar cuánto ha tenido que sostener.
¿Qué puede ayudar frente a los duelos acumulados?
El primer paso es reconocer las pérdidas.
Puede ser útil preguntarse:
¿Qué estoy llorando realmente en este momento?
Tal vez descubramos que junto con la persona recientemente fallecida estamos llorando otras despedidas, cambios o sueños.
Hablar de esas experiencias, escribir sobre ellas, participar en espacios de acompañamiento o buscar ayuda profesional cuando el sufrimiento resulta difícil de manejar puede permitir que cada pérdida encuentre su propio lugar.
Recordar no significa volver atrás
Una de las ideas que más puede aliviar a quien atraviesa un duelo es comprender que volver a sentir tristeza no significa empezar nuevamente desde cero. Podemos haber avanzado y, aun así, tener días difíciles.
A veces una nueva pérdida nos recuerda que nuestra historia está hecha también de despedidas. Pero está hecha, sobre todo, de vínculos. Y los vínculos importantes dejan huellas.
En Fuente de Paz queremos ofrecer espacios donde esas historias puedan ser recordadas y acompañadas con respeto, esperanza y sin prisa